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Los temas y problemas recurrentes del movimiento afrodescendiente en América Latina y el Caribe

Los días 9 y 10 de diciembre del 2016, un grupo de activistas, representantes de entidades intergubernamentales y donantes y representantes de la academia se dieron cita en la Universidad de Cartagena de Indias, Colombia, en el simposio Después de Santiago: El Movimiento Afrodescendiente y los Estudios Afrolatinoamericanos. Convocada por la Universidad de Cartagena y el Instituto de Investigación Afrolatinoamericanas (ALARI) y con el apoyo de la Fundación Ford, la reunión tuvo como metas principales la revisión de la producción académica en los últimos 15 años sobre el tema afrolatinoamericano en general y afrodescendiente en particular y la definición de demandas por parte del activismo y las comunidades con respecto al conocimiento que se precisa para avanzar proyectos de justicia social en Latinoamérica. Este evento dio continuidad al simposio Afrodescendientes: quince años después de Santiago. Logros y Desafíos celebrado en la Universidad de Harvard en diciembre de 2015, en el cual activistas y delegados de entidades intergubernamentales y donantes dialogaron sobre los aciertos y retos del movimiento afrodescendiente en Latinoamérica.

En esta reunión en Cartagena, participaron activistas de Colombia, Argentina, Brasil, Uruguay, Honduras, Bolivia, Perú, República Dominicana y Cuba. Las entidades intergubernamentales que tuvieron presencia en el simposio fueron la Fundación Ford, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Organización de Estados Americanos y el Comité Internacional para la Eliminación de la Discriminación de la Organización de las Naciones Unidas. Por último, la reunión contó con la asistencia de un grupo nutrido de académicos y académicas del Perú, Brasil, Argentina, Colombia, Estados Unidos, Inglaterra, Ecuador, Cuba, Canadá y Francia.

El Simposio superó las expectativas en tanto se suscitó un debate muy enriquecedor sobre las preocupaciones y demandas actuales del activismo y la academia. En particular, hubo lugar para una reflexión detallada sobre los procesos críticos por los cuales atraviesa el movimiento en estos momentos. Un consenso se hizo visible en esta reunión, en particular entre los líderes históricos, sobre que el logro principal desde Santiago había sido la creación en Latinoamérica de agendas, marcos normativos e instituciones especializadas en la lucha contra la discriminación racial. Para ellos, el movimiento afrodescendiente había sido exitoso en visibilizar las demandas políticas, culturales y económicas de poblaciones que los gobiernos de la región habían ignorado históricamente.

Esos mismos líderes señalaron que los nuevos retos del movimiento se ubican en el combate del racismo estructural y tal vez con mayor urgencia en proveer respuestas a las reacciones globales y locales contra los logros de la movilización anti-racista de los últimos decenios. Sobre este último punto, hubo pronunciamientos sobre la desaceleración de la agenda de cambio iniciada en Santiago. Se habló de parálisis y también de retrocesos. Se nombró en más de una ocasión el desmantelamiento de entidades especializadas en el tema de la discriminación racial, como es el caso de SEPIR en Brasil. También se abordó la desconexión entre comunidades y entidades intergubernamentales, y, en particular, asuntos tales como el impacto negativo de las entidades donantes en la cohesión del liderazgo y la falta de utilidad de los estudios realizados por esas entidades en el bienestar y empoderamiento de las comunidades, en lo correspondiente a su poca efectividad para movilizar recursos y voluntades políticas. Por último, dentro de los temas críticos hubo varias intervenciones sobre la cooptación y des-politización de las agendas de justicia social por parte de los gobiernos de la región. En términos más específicos se mencionó el incumplimiento de promesas de cambio y el uso y abuso gubernamental de retóricas de justicia social (véase por ejemplo temas como las acciones afirmativas y la distintividad étnica) sin un correlato con políticas públicas efectivas. Todo lo anterior llevó a quienes participaron a reclamar el diseño de estrategias enfocadas en la defensa de los logros de las décadas pasadas y en la implementación efectiva de reformas estructurales.

Otro tema recurrente fue la reflexión sobre procesos políticos macros como los logros electorales de tendencias de extrema derecha a nivel global y de su potencial impacto en la causa anti-racista. Se expresó una genuina preocupación sobre esta normalización de discursos racistas, xenófobos, misóginos, y se consensuó sobre la necesidad de activar la movilización social para contrarrestarlos. En ese sentido, fue una constante durante los dos días de la reunión el reclamo sobre la necesidad de reorganizarse, diseñar nuevas agendas y redefinir el modelo de alianza estratégica con entidades intergubernamentales y donantes.

Vale resaltar que un área de debate en el simposio fue el de la pertinencia o no de repensar la identidad afrodescendiente. Un tema que produjo disenso, en ese particular, fue el de la insistencia en el trauma post-esclavitud. Mientras hubo posiciones en defensa de reconocer la relevancia del daño psicológico/emocional/económico de la esclavización de millones de personas de descendencia africana, otras defendieron la idea de que ese énfasis impedía reconocer la pluralidad de los modelos de auto-representación de muchas y muchos afrodescendientes. Prevenía, de igual forma, el reconocimiento de que la esclavización no había afectado solamente a personas provenientes de África. También se suscitó un intercambio sobre la pertinencia de seguir usando el término ‘afrodescendientes’. Mientras que para algunos ese calificativo impide la autoconciencia del verdadero origen étnico, para otras voces el término mantiene su efectividad en tanto aglutina aspectos tales como la procedencia geográfica ancestral de las comunidades, la singularidad de tener una historia de larga data en las Américas y su condición de ser un pueblo disperso en diferentes jurisdicciones nacionales. En esta misma línea se subrayó la relevancia que aún mantiene el término afrodescendiente para identificar a las comunidades simultáneamente como sujetos de derechos y agentes de cambio social, político, económico y cultural.

En esta misma línea hubo quienes insistieron en la categoría de “pueblo” desechando la de población o comunidades, en tanto la primera se debe asumir como una “expresión civilizatoria propia de Latinoamérica” sin la cual el término afrodescendiente solo es un término vacío. También se hicieron visibles reclamos sobre la necesidad de revisar el concepto afrodescendiente desde diferentes enfoques: según los contextos nacionales, el feminismo, las comunidades y el barrio. En sentido general se hizo manifiesto un consenso sobre la necesidad de asumir que la existencia de una agenda política común no implica eclipsar la pluralidad de experiencias y demandas provenientes de las comunidades. Por último, algunas voces propusieron considerar una transición de las políticas centradas en la identidad y la cultura, hacia otras con mayor énfasis en el cambio estructural.

Como se mencionó al inicio, la razón de ser del simposio fue la de facilitar un espacio en el que representantes de la academia, el activismo y entidades multilaterales reflexionaran sobre las contribuciones pasadas y desafíos futuros de la producción académica con respecto al tema afrodescendiente en particular y lo afrolatinoamericano en general. Las ponencias procedentes de la academia abordaron temáticas disímiles, desde el estado del arte de los estudios afrolatinoamericanos, la distintividad cultural como un recurso epistémico y de movilización social, el impacto de las políticas de acción afirmativa en el bienestar de las comunidades, las políticas de género en el movimiento afrodescendiente, el uso de la tecnología como medio para la acción política vinculadas a la tecnología y hasta la co-creación de conocimiento entre activismo y academia y la investigación participativa basada en la comunidad.

Los activistas, por su parte, se enfocaron en señalar sus demandas principales con respecto al conocimiento que en su opinión necesitan las comunidades. A pesar de que se reconoció explícitamente a la academia como un ámbito plural y que una parte de ella había jugado un papel de suma importancia en la movilización de las y los afrodescendientes, se hizo referencia a que en ocasiones las investigaciones provenientes de las universidades extraen información de las comunidades, pero no comparten con ellas el conocimiento que producen. Hubo, de igual forma, señalamientos sobre la necesidad de que se genere conocimiento útil e inteligible sobre aspectos como la auto-suficiencia económica, la formación de capacidades empresariales en las comunidades, el manejo eficiente de los mecanismos normativos existentes y la construcción de políticas públicas con sello comunitario. Se insistió, de igual forma, en la urgencia de democratizar el conocimiento o, en otras palabras, en la premura por reconocer los saberes provenientes de las comunidades y la pertinencia de identificar a estas últimas como co-creadoras y no sólo como meras destinatarias de las investigaciones desarrolladas en las academias. Justo en abierto apoyo a esta línea de pensamiento, en el simposio tuvieron lugar intervenciones artísticas que mostraron formas alternativas de promover conocimiento y articular la movilización social.

El valor de este simposio se sitúa más allá de la oportunidad que brindó para realizar un recuento sobre lo acontecido en estos 16 años de la relación entre academia y el movimiento afrodescendiente. Además de pensar el pasado, esta reunión sirvió como plataforma para identificar desafíos futuros y agendas de cambio social. Una de las ideas que recibió mayor apoyo fue la de la necesidad de repensar la movilización política para conectar con las bases y las nuevas generaciones. Se hizo particular referencia a la necesidad de tener presente la perspectiva de las nuevas generaciones en lo concerniente a las prioridades políticas, los modelos de organización y la construcción de proyectos de justicia social.

En ese mismo orden, algunas voces se pronunciaron a favor de una relación más efectiva entre las bases y los/las líderes/lideresas, exigiendo a estos últimos una mayor sensibilización con la pluralidad de experiencias y demandas de las comunidades. De manera puntual se hizo un llamado a reconocer miradas interseccionales como forma de exponer las complejidades de las experiencias de opresión. En ese sentido se demandó una mayor atención a la necesidad de hablar y pensar victimización desde el punto de vista de género, y a la escasa atención prestada a la intersección entre, por un lado, racialidad e identidades sexuales y grupos etarios, por el otro. Se mencionó de igual forma, la escasa visibilidad del tema de las discapacidades o capacidades diferentes.

Ya de forma más puntual se hizo referencia a la necesidad de redefinir los mecanismos de negociación con los aliados del movimiento. En particular, se planteó la urgencia de reconectar con las instituciones multilaterales y donantes, esta vez contando con demandas claras de cuál debe ser el tipo de acompañamiento que éstas deben brindar a las comunidades. De forma complementaria se insistió en la necesidad de incorporar los significados y demandas genuinas de las comunidades en las agendas institucionales. Debe resaltarse que no faltaron llamados a pensar en cómo es posible lograr el cambio social sin contar con los marcos institucionales existentes.Se decidió al final definir un plan de acción que permita guiar la movilización. Particular énfasis tuvo la idea de que deben plantearse acciones que vayan más allá de demandas inmediatas, propias de la agenda antidiscriminación, para imaginar nuevos proyectos de sociedad enfocados en la erradicación del racismo estructural. Dos preguntas a responder que apuntan a nuevas estrategias son: a) cuáles son los conceptos fundamentales que actúan como herramientas u obstaculizan el avance del movimiento y b) si ha llegado el momento de superar el plan de acción diseñado en Santiago en el año 2000. La respuesta a esta última implicaría una redefinición de la perspectiva de la agenda regional a seguir.